martes, 18 de julio de 2017

Poesia nei tempi di cambiamento



Hay un momento en el que una se siente mayor. Recuerdo perfectamente la primera vez de esa sensación que en mi caso fue muy prematura. Cumplí veinte años en Manchester. Aquel verano hice mi primer vuelo para ir a un campo de trabajo con chavales que presentaban algún tipo de discapacidad y, en ese contexto, rodeada de personas de otros países y otras culturas que habían acudido también, con mi inglés básico -llegué y no sabía ni que la cerveza se pedía en pintas- me sentí mayor. Pero no mayor de ancianidad, sino mayor de abierta al mundo, a las relaciones, a los otros, a lo que estaba por venir. Una parte de mí se hizo consciente de que todos éramos lo mismo: seres, al fin, que en un momento determinado nos encontrábamos por algún motivo. Podía ser por un interés común, un espacio compartido, una casualidad... pero empecé a sentirme a gusto entre gente de lo más variopinta en edad y en actitud. Eso ya me ha acompañado continuamente y le otorgo mucho valor: el de poder mirar a los ojos a la misma altura a todos. A casi todos, pues siempre hay con quien es imposible el encuentro. No significa que no crea que la edad posee algo en relación a la experiencia que hace que algunas personas brillen por lo que han  llegado a saber, y me refiero a saberes concretos pero sobre todo a la comprensión del mundo, de lo que más nos concierne como humanos que, para mí, es saber transitar la vida con -al menos cierta- dignidad. Sea ésta la vida que -y como- sea. Pero si en la madurez puede encontrarse virtud también valoro mucho en la infancia esa falta de prejuicio y esa curiosidad esenciales, y por supuesto la frescura de la juventud que no deberíamos permitir que nos abandonase nunca.

Ser mayor es ser responsable y eso a mí me parece hermoso. Incluso cuando he tenido problemas y lo he hecho muy mal, que también, ha habido un punto muy doloroso de reconocerme en mi propia dificultad pero también otro de absoluta libertad, aunque fuese la de equivocarme. Estamos en proceso, siempre, hasta el último latido. Y estar en lo que toca estar y no siempre mirando a otro lado también forma parte del compromiso con una misma.




El caso es que este, precisamente este, es otro momento de sentirme mayor. De nuevo no lo comprendo en un sentido de abatimiento, sino de consciencia: los tiempos no son infinitos y no es justo -para mí- que se escapen sin dar pasos que sean, al menos, algo coherentes -que no digo lógicos-. Todo no vale. Todo no me vale y nunca me valió.

Mientras tanto, como el sendero es largo, me entretengo con esa belleza que me sirve para salvarme un poco, como elixir que suaviza la aridez de los tiempos. Y eso me lleva a apasionarme por quienes de uno u otro modo hicieron bandera de otra forma de acercarse a la cotidianidad, a aquellos que se atrevieron a mostrar partículas de sí mismos a los demás, tratando de arrebatar instantes de inmensidad a las garras del tiempo y a los zarpazos de lo que sucede en otras realidades menos poéticas.

El sábado sucumbí de nuevo a la delicadeza, la de un Franco Battiato inmenso en su circunstancia y con una capacidad de emocionar que trasciende a lo que podríamos llamar artístico. Y también disfruté de Bozo Vreco o la perfección de la ambigüedad, el rotundo atractivo de algunos caminos que no son nada rectos. Poesía sin tregua.


lunes, 10 de julio de 2017

Verano


Las tarde de verano están  llenas de amor adolescente, canciones que marcaron nuestras vidas y verbenas de rabia y rock para quemar lo más cruel de un pasado común. Es un tiempo del que yo también recuerdo el cansancio adulto de mi niñez en casa de labradores, cuando todo era más difícil, cuando todo costaba más. Las horas en la calle, el riesgo de incendios, las promesas de los días más largos del año, que escondían el secreto de haber empezado ya a menguar.

Las tardes de verano tienen siempre un algo de lo mismo, una pereza infinita y deseo de eternidad. El sudor del sexo salvaje, la ternura de una siesta larga de cuerpos entrelazados con una violencia amable, con la tensión justa para recordarnos que estamos vivos. Y que es verano.


miércoles, 5 de julio de 2017

Escaleras


Esta tarde he pasado media hora acompañando a Isabel a subir tres pisos por las escaleras de su casa. O de cómo lo que a la mayoría le parece fácil a una minoría que suele ser muy grande le resulta casi imposible. El mundo está hecho a la medida de los capaces, pero todavía no sé de los capaces de qué. Es curioso cómo baila lo que es relevante, de qué manera se modifican las verdades. Es sorprendente cómo se nos muestra alguna intuición. A veces solo hace falta estar en silencio para aceptar radicalmente lo que viene. Me gusta mucho el concepto, por revolucionario a mi entender: aceptación radical.

Esta tarde he pasado media hora acompañando a Isabel. Pero Isabel no es Isabel, ni es eso lo que importa. Es sorprendente cómo se nos muestra lo equívoco de nuestra comprensión. A veces solo hace falta darse cuenta de que nuestras propias estupideces son simplemente un camino para llegar a lo mismo. Qué raro todo. ¿No?


                                               
                                                                                      fotografía de Chema Madoz

domingo, 18 de junio de 2017

Lo que aletea en mi cabeza


La primera parte del concieto de Robe dejó claro que incluso debajo de toda la rabia puede esconderse un caramelo de fresa. A mí sus dos discos en solitario me han sorprendido por el montón de desamor que los puebla, en casi todas las canciones hay algo del echar de menos, bien o malquerer y anhelar, esos verbos que a todos nos tocan alguna vez, la modestia que implica tener todavía algo de humanidad en el corazón coraza.





El viernes metimos al mejor Robe en una jaula de oro -como es la sala Mozart del Auditorio- donde se facilita conectar con lo que sucede en el escenario sin elementos distractores. Y nos dio la esencia sublime del último tiempo de Extremoduro, esa orquestación delicada y bella que acompaña letras muchas veces desgarradas y otras cargadas de energía y también de decepción. Siempre brillante.

Arropado por cinco músicos y una cuidada puesta en escena, se marcó el Iniesta un concierto de dos tiempos con espacio para la cerveza intermedia. Gracias. Y encaró la segunda parte ya en pie, con coraje y envuelto en la calidad musical de esos muchachos que componían una postal preciosa. Pies descalzos para el violín, falda para el saxofón, un acordeón templado, unas bases potentes con el teclado, bajos, batería, una acertada segunda voz y la guitarra de Robe, con su escaso artificio de siempre. Cara lavada.




Lo mismo hace poesía que se caga en Dios. Eso a mí me gusta, porque el mundo es ancho en matices e igual cabe lo uno que lo otro. Yo creo que me mueve tanto Robe porque necesito mucho las dos cosas y porque siguiendo sus pasos he visto una evolución con la que me gusta identificarme. Del rock transgresivo a una verdad desnuda y apocalíptica.

Si no hiciera sus canciones, si no existieran sus letras, el mundo sería un lugar peor.

lunes, 5 de junio de 2017

¿Comunicación?


Creo en las palabras, sobre todo en las dichas: las que llegan a traspasar la garganta o la escritura. Sin embargo, no quiero decir con ello que todo sea verdad, ni conveniente o necesario. Resulta falaz pensar que hablamos de lo mismo cuando hablamos alrededor de las mismas cosas. Para ser más o menos precisos habría que tener en cuenta lo subjetivo, la maleta que lleva consigo quien habla, quien dice, quien se atreve a opinar. Y partiendo de que hay tantas subjetividades como seres, a veces me da por pensar que la comunicación humana, que tanto me interesa, se encuentra cercana al absurdo. Es como pensar en las dimensiones del universo, algo que no se puede contener en ningún lugar. Menos mal que otras veces, así a grosso modo, sin detenerme en detalles, me reconforta la idea práctica y extendida de que hablar sirve para acercar. Y sí, lo creo, nos acercamos porque hablamos y eso es humano, pero no exactamente porque hablemos de lo mismo. Quizás eso sea imposible. Soy consciente de que para comunicar de verdad hacen falta también un tiempo, unas ganas y una humildad que en ocasiones a mí -firme defensora- también me escasean. Así está el patio.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Renuncia


¿No os pasa que después de tanta intensidad necesitáis renunciar a todo? ¿No os sucede que hay momentos en que para no perder el norte tenéis que eliminar los puntos cardinales, marcarlos sobre la arena como si fueran algo importante para después borrarlos con los pies, hasta que no quede nada de suelo sobre el que estar seguro? ¿No os toca de repente algo la entraña y entonces sentís que solo en un absoluto silencio podréis sanar la herida? ¿No habéis oído gemidos de dolor desde alguna ventana vecina sin saber si una mujer estaba siendo agredida o tenía el orgasmo más desgarrado del universo conocido? Llamar o no a la policía. ¿No os parece sutil la diferencia entre el daño y el placer? El mundo no es fácil y yo, tantas veces, renuncio.


miércoles, 24 de mayo de 2017

Versiones


Justicia poética
quizás
solo sea
dejar de soñar
con tu mejor versión
y despertar
contigo cerca.

Pero no tanto
como para que me abrases.